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Uso de cañones sónicos para reprimir manifestaciones

La era de la artillería silenciosa – Dispositivos para control de masas

Amparados en el vacío legal, proliferan dispositivos secretos para dispersar manifestantes, influir en el comportamiento o deteriorar la salud de las personas. El combate de la disidencia interna, la guerra fría entre naciones o la invasión de territorios enemigos, entre sus escenarios.

‘“Una nación podrá atacar a otra nación competidora de manera encubierta utilizando medios bacteriológicos, o debilitar totalmente a la población (aunque con un mínimo de fatalidades) antes de controlar a sus Fuerzas Armadas”

Zbigniew Brzezinski, “Entre dos edades: el rol de los Estados Unidos en la era tecnotrónica”.

Greeham Common
Las pacifistas de Greeham Common realizaron una audaz protesta durante 19 años

Por Claudio Fabián Guevara  http://www.vibromancia.com/

El uso de armas encubiertas, capaces de influir en el comportamiento y en la salud de las personas, es un tema de debate en documentos de gobiernos y organizaciones internacionales, donde aún no se vislumbran acuerdos para regular su uso. Hay propuestas de negociación ante la Comisión de las Naciones Unidas sobre Desarme que afirman que las microondas tienen efectos en el sistema nervioso. El Parlamento Europeo ha tratado resoluciones que piden convenciones para la regulación de las “armas no letales” y la prohibición de “armas que puedan permitir cualquier forma de manipulación de los seres humanos”, y que incluye la capacidad de neuro-influencia.[1]

Otra resolución se refiere a HAARP, una gigantesca base de antenas situada en Alaska, con capacidad de proyectar ondas sobre cualquier punto del planeta, usando la ionosfera como espejo reflector para localizar las emisiones. Hay evidencias de que, usando altas frecuencias, estas tecnologías pueden proyectar ELF (extremedamente bajas frecuencias, que resuenan en el mismo rango que nuestros cerebros) sobre áreas geográficas extensas, con lo cual existe el potencial de influir en poblaciones enteras.[2]

Hay mucho más. Un panel del gobierno francés expresó preocupación por el potencial de ciertas tecnologías para la lectura del pensamiento a distancia.[3] Y un proyecto de ley estadounidense propuso prohibir las armas basadas tierra, mar o espacio que utilizan capacidades electromagnéticas, psicotrónicas (influencia del comportamiento) o tecnologías de sonido, dirigidas a personas individuales o poblaciones específicas con el propósito de guerra de información, gestión de estado de ánimo, o control de la mente. Aún no ha sido aprobada.[4]

Vedados en los grandes medios, estos temas son escuchados con incredulidad por la mayoría de la población. Pero las elites gobernantes son conscientes de que juegan un papel estratégico. Y aunque no se ponen de acuerdo con la forma de regularlas, hay evidencias acerca de su uso y abuso.

Una embajada atacada con microondas

El ataque a la embajada norteamericana en Moscú recibió poca publicidad hasta el invierno de 1976, cuando se instaló un blindaje protectivo. La irradiación del edificio se conocía desde 1953. En 1975 se detectó una amplia banda de frecuencias con una señal pulsante. La irradiación era direccional y modulada desde edificios cercanos. Se hizo una denuncia a los soviéticos, que “no tuvo éxito”, dice John McMurtry, “pero la señal desapareció en enero de 1979, al parecer como consecuencia de un incendio en uno o varios de los edificios cercanos”.[5]

Los resultados de este caso difieren según las fuentes. Para Barrie Trower, gran parte del personal enfermó de cáncer, incluido el embajador que murió de un cáncer de linfoma. Para Mc Murtry, “se produjeron casos psiquiátricos durante el período de exposición, aunque ninguna relación epidemiológica se reveló plenamente”, si bien aclara que “la cuarta parte de los registros médicos no están disponibles”, ni tampoco una comparativa con otros lugares.

La CIA le pidió al Dr. Milton Zaret una revisión médica de la literatura Soviética sobre microondas para determinar las intenciones de la irradiación. Zaret concluyó que los rusos “creían que el haz modificaría el comportamiento del personal”. En 1976, la embajada norteamericana en Moscú fue declarada un lugar “insalubre” y la paga al personal se elevó un 20 por ciento.

El ataque a las pacifistas de Greeham Common

El caso más más documentado de irradiación de microondas a ciudadanos fue registrado en Greenham Common, Base de la Fuerza Aérea estadounidense en Berkshire Inglaterra.

Allí en 1981 se inició una formidable protesta de mujeres pacifistas que demandaron el retiro de la base extranjera y sus armas nucleares de suelo inglés. Las manifestantes, mostrando una admirable determinación, pelearon durante 19 años, hasta que obtener una completa victoria: la base se cerró en 1991 y se retiraron los misiles del lugar, y en el 2000 autorizaron la erección de un jardín memorial de los eventos en el lugar. Fue entonces cuando las últimas cuatro activistas -entre ellas Sarah Hipperson, una de iniciadoras- levantaron sus tiendas de campaña y se retiraron, satisfechas.

Las mujeres de Greeham Common organizaron una acción política repleta de creatividad y audacia, y de altísima efectividad. Comenzaron con una carta al jefe de la base, nunca respondida, y luego acamparon a lo largo de casi dos décadas en torno al lugar. Bloqueaban la salida de camiones, organizaban abrazos simbólicos y convocaban a la prensa de todo el mundo. Los actos tuvieron picos de participación de 60 mil personas, según fuentes oficiales.

El gobierno las combatió con ferocidad mediante arrestos masivos, encarcelamiento y juicios penales. Y también se ensayó el uso de microondas para dispersarlas, según describe Barrie Trower y muchas otras fuentes.

Las manifestantes mostraron síntomas inusuales: quemaduras de la piel, dolores de cabeza “graves”, somnolencia, parálisis temporal, habla descoordinada, abortos espontáneos, insuficiencia circulatoria aparente, irregularidades de menstruación. También se informó que algunas de las mujeres “escuchaban voces”. El complejo de síntomas encaja bien con el síndrome de la exposición electromagnética, opina Mc Murtry, que confirma el punto de vista de Trower al agregar que una medición de radiación cercana al campamento de protesta registró niveles inusuales de microondas, y que también se irradiaba el transporte colectivo en el que se movilizaban activistas.[6]

Armas explícitas y experimentos encubiertos

Estas tendencias se hicieron más explícitas en los últimos años.

En 2012 se organizó ante la prensa en el polígono militar de Cuantico, en Virginia, una presentación del sistema de disuasión activa “Silent Guardian”, fabricado por la empresa Raytheon para el Programa de armas no letales del Departamento de Defensa. Se trata de un rayo microondas que se dispara contra los manifestantes desde un tanque, causándoles quemaduras superficiales pero insoportables que los obliga a dispersarse. El efecto desaparece en cuanto el sujeto sale del radio de acción de las ondas.

“Una característica que la hace muy apreciada entre los teóricos del “crowd control” es la de que se puede utilizar a larga distancia, puesto que el alcance del rayo microondas es de más de 700 metros. Otros sistemas (taser, hidrantes y balas de goma) solo pueden usarse de cerca”.[7]

Por cierto, otras “maravillas de la ciencia”, aún más macrabras, no pueden presentarse en sociedad.

Hace décadas, el uso encubierto de armas de energía dirigida se reporta en distintas partes del mundo. Existe una similitud de circunstancias, quejas y síntomas entre diversos casos y autores: gente que escucha voces, que sufre malestares inexplicables, que es lentamente aislada del resto de la gente y conducida a la insanía mental o la muerte. Lo mismo cuentan las víctimas de experimentos denunciados por INCAACT.[8]

Barry Trower relata que la guerra de las microondas ha llegado a niveles de desarrollo que permiten elegir qué frecuencia aplicar a las víctimas para inducirles específicas enfermedades, y la velocidad del proceso. También denuncia inhumanos experimentos para inducir al suicidio a víctimas escogidas. “Cuando el suicidio efectivamente se produce, en los papeles oficiales el experimento se indica como exitoso”, dice Trower.

El cuidadoso resumen de Mc Murtrey relata casos de personas con trastornos psicológicos severos que se quejan y/o evidencian rastros de implantes. Y detalla las patentes de dispositivos específicos testeados por el ejército norteamericano.[9] Uno de ellos, oficialmente diseñado para disperar manifestantes y riñas callejeras, utiliza una frecuencia de infrasonidos combinados (patente Loos 01/25/00) con efectos “espeluznantes”: “Cuando las dos frecuencias se mezclan en el oído humano se convierten en intolerables. Algunas personas expuestas dicen sentirse mareados o con náuseas, y en casos extremos se desmayan. La mayoría de la gente siente una molestia intensa y un fuerte deseo de estar en otro lugar”. En los inventarios de la policía británica se enumera el dispositivo específico, aunque un portavoz negó que se use.

Pregunta: Si no lo usan, ¿para qué lo tienen? Y otra más inquietante: ¿Quién controla que no caiga en manos de grupos criminales, dentro o fuera de las órbitas de los gobiernos?

La artillería silenciosa en acción

Estos dispositivos están desarrollados y patentados. Los gobiernos los adquieren a proveedores oficiales, y niegan su uso pero al mismo tiempo se niegan a regularlos.

Parece lógico pensar que están proliferando amparados en el vacío legal. Al fin y al cabo, usarlos todavía no está tipificado como un delito.

Parece lógico pensar que toda una batería de recursos de este tipo ya se está empleando, en el combate de la disidencia interna, la guerra fría entre naciones o la invasión de territorios enemigos.

Es fácil deducir que se utilicen en el combate encubierto de activistas, personajes incómodos y líderes de países extranjeros percibidos como enemigos.

Es fácil deducir que Irak, Libia y Siria, targets de las últimas guerras de conquista, hayan sido de pista de pruebas de los últimos “adelantos de la ciencia” en este terreno, ya sea para irradiar extensamente a la población invadida induciendo a la depresión y el abatimiento, como para aterrorizar, alterar el comportamiento y/o lograr la complicidad o rendición anticipada de soldados y oficiales del Ejército local, funcionarios y otras posiciones influyentes en la sociedad. El uso de este tipo de artillería silenciosa podría explicar, entre otros factores, la facilidad con que el ejército invasor conquistó Bagdad casi sin resistencia (pero 10 años después todavía enfrenta una feroz contraofensiva), o cómo un ejército irregular de pocos hombres logró apoderarse de vastos territorios en Libia, ante la aparente pasividad y confusión de la población.

Un rápido sumario de las armas encubiertas que pueden ser utilizadas en estos conflictos incluye no solo los satélites y el uso de Haarp como tecnología de alcance global y direccionamiento localizado, sino también múltiples dispositivos locales de alcance corto y mediano, fácilmente ocultables en edificios vecinos, así como la propia red de telecomunicaciones de cada país. Es inquietante calcular que, por ejemplo, las emisiones inalámbricas podrían incrementarse a niveles insoportables para la población, impidiendo el descanso y la concentración, y provocando otros múltiples trastornos sin que nadie pudiera advertir la presencia de ese sabotaje invisible.

Así lo sugiere Barrie Trower. La red mundial de antenas, desarrollada y montada en casi todo Occidente por las mismas corporaciones, se puede convertir en un caballo de Troya insospechado en escenarios bélicos: “El sistema está instalado y funcionando. En cualquier momento, alguien lo puede usar para otros fines”.[10]

Uso de cañones sónicos para reprimir manifestaciones


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[1] European Parliament, 28.1.99 Enviroment, security, and foreign affairs , A4-0005/99 EP1159, resolutions 23, 24, & 27, January 28, 1999 . Limited excerpts at http://www.raven1.net/europar.htm

[2] Begich N and Manning J. Angels Don’t Play This HAARP: Advances in Telsa Technology Earthpulse Press, Anchorage Alaska, p 176-8, 1995.

[3] [154] Butler D. “Advances in neuroscience ‘may threaten human rights'” Nature 22 January 391: 316, 1998. Also at http://raven1.net/nature1.htm

[4] Space Preservation Act of 2001 (Introduced in the House) HR 2977 IH, 107th Congress 1st Session Introduced by Hon. Dennis J. Kucinich. Also at http://www.raven1.net/govptron.htm

[5] John J. McMurtrey, “Remote Behavioral Influence Technology Evidence”, http://www.deepblacklies.co.uk/remote_behavioral_techology.htm

[6]“Doctors investigating claims of Greenham radiation cases: Peace women fear electronic zapping at base” (Manchester) Guardian, Mar. 10: 3, 1986.

[7] Enrico Piovesana “En los EE.UU. usan rayos microondas para quemar a los manifestantes”, Il Mensile. Fuente: http://www.eilmensile.it/2012/03/14/usa-raggi-a-microonde-per-bruciare-i-manifestanti/

[8] International Center Against Abuse of Covert Technologies. Ver website en www.icaact.org. Su misión: ICAACT was created to bring awareness to the general public and the legal systems around the world about serious human rights abuses utilizing remote influencing technologies. Our aim is to obtain evidence”.

[10] Dr Barrie Trower, “30 minutes reality update”. http://www.youtube.com/watch?v=ZdB-tbzJSrk

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About Claudio Fabian Guevara

Periodista, docente e investigador. Nacido en Argentina. Director de El Nuevo Cronista de Mercedes. Editor de Vibromancia.com y colaborador de numerosos sitios online.

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