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Chicleros, los guardianes de la selva – La importancia ambiental de la iniciativa Chicza

Chicleros, guardianes de la selva

La importancia ambiental de la iniciativa Chicza

 

Los Chicleros, guardianes de la selva tropical en la península yucateca en México

© 2008 Consorcio Chiclero SC de RL / Mayan Rainforest Co., Ltd.

El Gran Petén, territorio de los chicleros, es la segunda selva tropical más grande del continente después del Amazonas, formada por aquellas del sureste de México y las de América Central. Gracias a las prácticas sustentables en el cultivo y explotación del árbol del chicle, los productores han contribuido a la conservación de la selva mexicana en la península yucateca, cuna de la cultura Maya, casa del jaguar y uno de los ecosistemas con mayor diversidad en el planeta.

Chicza: el sabor de la sustentabilidad

Las selvas tropicales del sureste mexicano, junto con las de Guatemala, Belice, Honduras y Nicaragua, conforman El Gran Petén, la segunda jungla tropical más grande en América después del Amazonas. En los estados mexicanos de Quintana Roo, Campeche y Yucatán, estos bosques tropicales han sobrevivido y prosperado para cubrir hoy 1.3 millones de hectáreas, en contraste con otras regiones del país, donde el 80% de las selvas originales se han perdido debido a la tala de árboles, la ganadería y una labor agrícola incompatible con dicho ecosistema.

 

© 2008 Consorcio Chiclero SC de RL / Mayan Rainforest Co., Ltd.

Al origen de la civilización maya, estas tierras -aún habitadas por el jaguar, animal emblemático de esta cultura- no sólo albergan uno de los ecosistemas con mayor biodiversidad del planeta, sino que su litoral está bañado por las aguas del arrecife de corales mesoamericano, el segundo del mundo por su extensión y abundancia de especies.
La exuberancia de estas selvas echa por tierra el argumento conservacionista que prescribe la ausencia del hombre para preservar al medio ambiente. Cuando las comunidades son conscientes de la importancia del entorno como fuente de riqueza y logran hacer un manejo sustentable de las actividades económicas, no sólo llegan a convivir armoniosamente con la naturaleza, sino que son las primeras en salvaguardar sus recursos. Tal es el caso de los habitantes de estas selvas que producen chicle, quienes por más de un siglo han vivido de la extracción de látex del árbol de chicozapote, hoy organizados en un eficiente consorcio de 52 cooperativas para la preparación de la goma de mascar.

El chicle se obtiene hirviendo, estirando manualmente y texturizando la pasta adquirida, la cual se coloca en moldes cuadrados. Al enfriarse y solidificarse, estos bloques son llamados marquetas. Cientos de toneladas de esta goma base son exportadas y se encuentra presente sólo en las mejores gomas de mascar; las marcas más comunes y comerciales usan polímeros, el chicle natural ya no forma parte de su composición.

El manejo sustentable de esta técnica ancestral ha sido un éxito no exento de amenazas derivadas de factores naturales, sociales y económicos. La alternativa ha consistido en evolucionar, adaptarse a las condiciones cambiantes del mercado, estar al día. La creciente demanda de productos orgánicos en el mundo se presentó como una oportunidad que la cooperativa aprovechó para darle valor a la materia prima que durante un siglo había vendido sin tratar. Así, hace cinco años la colectividad se propuso adquirir el conocimiento y darse los medios para producir una goma de mascar 100% natural, biodegradable y certificada orgánica, de hecho, ¡el primer chicle orgánico nunca antes fabricado!

Fue así como se creó Chicza, fruto del espíritu emprendedor, solidario y perseverante de los miembros de la cooperativa. Un ejemplo exultante que demuestra que es posible concertar entre la actividad económica y la conservación del medio ambiente. Cada vez que alguien en el mundo prueba un chicle cuya elaboración entraña ese respeto y cariño por el terruño, lleva a su boca una sutil fibra de selva tropical, corazón de árbol centenario, fuente de oxígeno y se implica en ese círculo virtuoso de agricultura sustentable.

 

La comunidad de chicleros y su trayectoria

La primera goma de mascar certificada 100% natural y biodegradable es producida por 56 cooperativas formadas por aproximadamente 2,000 miembros que forman el Consorcio Chiclero, el cual administra producción, logística, finanzas y comercio de esta goma de mascar única, obtenida en una explotación sustentable de 1,3 millones de hectáreas de selva tropical. A cinco años de haber emprendido el camino para darle valor agregado y transformar la materia prima del chicle en goma de mascar, el coraje y la perseverancia han dado sus frutos: hoy, este producto elaborado significa un ingreso seis veces mayor para un chiclero.

Cada persona que se lleve a la boca una tableta de Chicza en cualquier parte del mundo, estará contribuyendo de manera directa y personal al bienestar de los productores de chicle de las selvas tropicales del sur de México y con ello, a un planeta más verde.

 

© 2008 Fulvio Eccardi

La ecuación verde: naturalmente justa

La primera goma de mascar certificada 100% natural y biodegradable es producida por 56 cooperativas formadas por aproximadamente 2,000 miembros que forman el Consorcio Chiclero, el cual administra producción, logística, comercio y finanzas.

Desde la primera mitad del siglo XX, impulsadas por la creciente popularidad de la goma de mascar, las cooperativas chicleras se expandieron y consolidaron. Incluso sobrevivieron al afán de control político que intentó acabar con las cooperativas agrícolas mexicanas en los años setenta y no sólo siguieron siendo independientes, sino crecieron más fuertes y mejor organizadas. Así, en los albores del nuevo milenio formaron el Consorcio, que como uno de sus primeros objetivos se propuso emprender un viejo y anhelado proyecto: desarrollar la capacidad de transformar el chicle en un producto terminado. Cinco años más tarde salía al mercado Chicza, la primera goma de mascar certificada 100% natural y biodegradable, fruto del espíritu emprendedor, solidario y perseverante de los miembros de la cooperativa.

La sustentabilidad es un concepto que implica una interacción balanceada entre cada uno de los elementos, el círculo virtuoso que es la esencia de un sistema que se mantiene vivo y sano. El valor agregado que la cooperativa logró dar a su producto y venderlo como goma de mascar se sumó a dicho círculo en beneficio de los productores, cuyo ingreso es seis veces mayor para un chiclero promedio. Un beneficio mayor que el derivado del comercio justo, que aunque trae consigo mejores dinámicas para productores alrededor del mundo, termina por tener un impacto moderado en la ecuación. Cada vez que alguien en el mundo prueba un chicle cuya elaboración entraña ese respeto y cariño por el terruño, lleva a su boca una sutil fibra de selva tropical, esencia de árbol centenario, fuente de oxígeno y se implica en ese círculo virtuoso de agricultura sustentable.

www.chicza.es

 

Raíces profundas, cómo se hace Chicza

El proceso natural para hacer goma de mascar orgánica biodegradable

© 2009 Fulvio Eccardi.

Cómo se hace Chicza

El cultivo del chicozapote en las selvas tropicales del sureste mexicano es tradición viva de la cultura maya. La goma base natural continúa obteniéndose como lo hacían nuestros ancestros al hervir el látex del árbol de chicozapote, el cual llega a vivir hasta 300 años, dado que la extracción de su savia no lo lastima. Tomado de árboles de chicozapote que llegan a medir más de 30 metros de altura, el látex se hierve hasta deshidratarlo y obtener una pasta pegajosa que se estira, amasa y moldea en marquetas rectangulares donde se solidifica al enfriarse. Fuera de su ambiente natural, los árboles de chicozapote no son productivos. Como tantos otros seres vivos, requieren de la sutil sinfonía biológica de su entorno natural para hacer funcionar su magia. Esta es una de las razones por las cuales los chicleros son tan fervientes defensores de sus selvas.

www.chicza.es

 

La transformación de la savia en goma de mascar

El látex del chicozapote es extraído de árboles que miden 30 metros de altura haciéndoles cortes superficiales en forma de Z sobre la corteza, es así como la savia escurre lentamente en zigzag hasta una bolsa colocada en la base. Cada árbol rinde de tres a cinco kilos por cosecha y, si bien esta práctica no los daña –algunos pueden vivir hasta más de 300 años-, es necesario dejarlos descansar de seis a siete años antes de volver a extraerles la savia. El árbol de chicozapote no será productivo si es plantado fuera de su ambiente natural. Como tantos otros seres vivos, requieren de la sutil sinfonía biológica de su entorno natural para hacer funcionar su magia. Esta es una de las razones por las cuales los chicleros son tan fervientes defensores de sus selvas. El látex liquido se hierve para deshidratarlo y obtener una pasta pegajosa que se estira, amasa y moldea en marquetas, que se solidifican al enfriarse. Cada marqueta lleva la marca chiclero que la elaboró. Toda vez que el manejo sustentable de la selva tropical está certificado por el FCS ( Forest Stewardship Council ), estas marcas contienen información relevante que va desde la identidad del chiclero hasta la ubicación exacta del árbol cosechado. Pocos productos en el mundo ofrecen una rastreabilidad tan precisa.

www.chicza.es 

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