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Imagen de la película The Matrix donde el protagonista debe elegir si conocer la verdad por dura que sea o seguir ignorante de ella.

Enfrentarse a la verdad, por dura que sea

Es bien sabido que el ser humano posee mecanismos de defensa físicos y psíquicos ante ciertas situaciones críticas o traumáticas, cuando las cosas se salen de la normalidad y no son como deberían ser. Esto conduce a diferentes reacciones que, en función de la amenaza, el peligro o el conflicto, consiguen salvaguardar nuestra integridad y seguridad. Pero… ¿qué ocurre cuando todo el mundo que nos rodea y que creíamos firme se hunde completamente?

Si nos remitimos a la ya mítica película Matrix, podremos recordar que en una escena el personaje de Morfeo le advierte al protagonista Neo, algo confuso y ansioso ante la perspectiva de descubrir qué es la Matrix,  que sólo le promete la verdad. Y como ya sabemos, Neo descubre no mucho más tarde que esa verdad ofrecida por Morfeo –el mundo real que había permanecido oculto para sus ojos– es terrible e insoportable, una auténtica pesadilla. Pues bien, posiblemente estamos en una época en que la advertencia de Morfeo se hace totalmente pertinente ante una realidad que no es ni mucho menos como creíamos y no precisamente para bien. ¿Cómo podríamos calificar sino esta realidad siniestra que se oculta detrás de una fachada engañosa creada para obtener la sumisión y la complacencia?

En efecto, un día u otro se planta ante nosotros una verdad que no creíamos posible y que se presenta como algo que destruye nuestras creencias y nuestras seguridades. El primer impacto rompe nuestros esquemas, y en el mejor de los casos nos produce una sensación de desasosiego o desorientación. Pero esa verdad no se va, continúa allí delante y se debe actuar al respecto. Y en este momento, por mucho que quiera negarlo la ciencia empírica materialista, algo en tu interior resuena de manera inequívoca y te provoca la duda. Entonces, lo primero que hay de hacer es perder todos los miedos y afrontar la situación para poder dilucidar, antes que nada, qué hay de cierto en esa nueva información. De este modo, el primer contacto con la verdad sería una especie de resonancia vibracional, que te indica que aquello que racional o emocionalmente rechazas, puede contener una verdad que jamás habrías sospechado.

Cuando nos enfrentamos a algo que rompe la firmeza de nuestro mundo, a veces huimos, lo negamos o no lo queremos ver.
Cuando nos enfrentamos a algo que rompe la firmeza de nuestro mundo, a veces huimos, lo negamos o no lo queremos ver.

Pero no quisiera filosofar y plantear elucubraciones abstractas sobre este asunto, pues ello no conduciría a ninguna parte. Es más fácil y práctico correr uno de los múltiples velos que cubren esa verdad durísima que quizá nunca querríamos haber descubierto, pero que ha acabado por aflorar delante de nuestras narices. Y ante esa verdad, lógicamente podemos aplicar nuestros conocidos recursos de defensa: la atacamos o la negamos, o bien huimos, o simplemente hacemos ver que no está ahí y metemos la cabeza bajo tierra, como un avestruz.

Vamos pues a poner un ejemplo, en este caso de primera mano, pues es mi experiencia personal con la problemática del SIDA, una enfermedad de la cual yo había asimilado –como casi todo el mundo– la llamada versión oficial. Nos situamos en 2011; en esa época yo ya había empezado a dudar de la veracidad de la historia y la arqueología ortodoxas y me había adentrado en el estudio de la denostada arqueología alternativa (o pseudoarqueología, según otros), descubriendo que detrás de una ciencia académica aparentemente rigurosa, objetiva y fiable había muchos vacíos, falsedades, manipulaciones, ocultaciones y dogmatismos.

El investigador independiente Lluís Botinas ha abierto las puertas a una verdad muy inquietante acerca del SIDA, así como a otros aspectos de la medicina moderna.
El investigador independiente Lluís Botinas ha abierto las puertas a una verdad muy inquietante acerca del SIDA, así como a otros aspectos de la medicina moderna.

Y fue entonces, quizá no por casualidad, cuando asistí a un acto de celebración de la entidad Plural-21, en la cual tuve oportunidad de conocer al investigador independiente Lluís Botinas. Así, durante el evento se desarrollaron los parlamentos y en un momento dado, Botinas tomó la palabra y empezó a hablar de la razón de ser de la asociación y de lo que representaba el “montaje” del SIDA. Asimismo, me llamó la atención que los ponentes no hablaban de enfermos o víctimas del SIDA, sino de etiquetados de SIDA. Seguí escuchando las palabras de Botinas y no dejaba de salir de mi asombro. ¿Por qué nunca había oído hablar de versiones diferentes a la oficial sobre esta enfermedad? ¿Y cómo es que él hablaba ya no de una versión disidente (que reconoce que hay una enfermedad, aunque se posiciona contra su tratamiento oficial), sino de un auténtico montaje “made in USA”, una especie de cortina de humo para tapar algo que había detrás y que no tenía que ver para nada con un supuesto virus VIH?

Debo reconocer que algún mecanismo interior me dijo que aquello podía tener visos de ser cierto, aun cuando mi razón me insistía: “¿Pero qué dice este hombre? ¿De dónde saca esas ideas? ¿Cómo puede ser cierto todo esto?” Sin embargo, en su tono y en sus palabras podía entrever que aquello no era una teoría alocada, sino una forma completamente distinta de enfocar el problema. Y lo cierto es que los argumentos y hechos parecían tener solidez. Todo el discurso transmitía seguridad y honestidad y se notaba que quien hablaba sabía muy bien de qué hablaba. No era un charlatán ni un iluminado New Age sino una persona de sólido espíritu científico y con un historial de más de 20 años investigando el tema.

Ese fue un primer contacto y debo reconocer que no fui capaz de entender ni asimilar todo lo que comportaba la versión del montaje, pero de alguna manera, sentí como si una pequeña parte de un velo se hubiera alzado y me hubiera dejado ver lo que había detrás, que no era precisamente agradable. Es en ese momento cuando uno empieza a luchar consigo mismo, o más bien con un yo creado “desde fuera” en el cual se nos ha instalado una gran cantidad de verdades y seguridades que enmarcan nuestra vida y que guían nuestro comportamiento dentro de un orden social bien establecido.

Cuando se alza una pequeña parte del velo de la realidad podemos contemplar un mundo insospechado que no hubiéramos podido creer que existiera.
Cuando se alza una pequeña parte del velo de la realidad podemos contemplar un mundo insospechado que no hubiéramos podido creer que existiera.

Seguidamente, uno se empieza a plantear qué esta pasando y qué o quién merece (o no) confianza. Naturalmente, es demasiado cómodo creer algo a pies juntillas porque lo dice este o aquel, o simplemente rendirse y contentarse con la conclusión de que no podemos alcanzar la verdad. Por tanto, para poder iniciar una investigación, hay que renunciar a las comodidades y empezar a desmontar todos nuestros prejuicios y filtros internos. Lógicamente, esta fase no es un camino fácil, pues no cesan de surgir las preguntas, las dudas y las inquietudes. En este caso me preguntaba: ¿Cómo podían estar equivocados tantos científicos, y tan prestigiosos? ¿Por qué Botinas criticaba las pruebas del SIDA? ¿Por qué etiquetados y no enfermos? Etc.

No obstante, habiendo recogido ya una mínima información de tipo alternativo, empecé a descubrir un mundo insospechado detrás del velo de la verdad aparente. Había muchos artículos, libros, webs en Internet que planteaban escenarios totalmente distintos. Así, supe que había cientos de científicos de primer orden en todo el mundo que cuestionaban la versión oficial del SIDA, y que algunos de ellos habían sido marginados o represaliados por defender sus posturas, como el prestigioso doctor Peter Duisberg, que ya en los años 80 había demostrado que el virus VIH no podía ser el causante del SIDA. Y es más, Botinas decía basarse en un grupo de científicos, el Grupo de Perth, que afirmaba que hasta la fecha no se ha demostrado que se haya aislado el virus VIH ni una sola vez. Por lo tanto, no había pruebas de la existencia de tal virus y en consecuencia no podía ser causa de ninguna enfermedad.

Con el tiempo, y a raíz de mi buena relación con Botinas y de mi colaboración esporádica con él, pude acceder a gran cantidad de información, empezando por su primer libro y siguiendo por otros materiales, muchos de los cuales están disponibles en Internet, como el remarcable documental House of Numbers. Finalmente Lluís Botinas tuvo la gentileza de facilitarme una copia del manuscrito de su segundo libro (todavía inédito) en que desarrollaba en detalle toda su argumentación y ofrecía una extensa cantidad de pruebas y de documentación anexa sobre la falsedad de la versión oficial del SIDA. Así, puedo decir que tras unos dos o tres años de leer e investigar (aunque no exhaustivamente) sobre la otra cara del SIDA llegué a la conclusión de que la verdad –o al menos gran parte de ella– está en el terreno de Botinas y de todos los que condenan este crimen masivo contra toda la Humanidad. Esta certeza la vi refrendada en 2013 después de entrevistar a Botinas para la revista Dogmacero, en la cual el entrevistado se explayó con detalle y claridad sobre todos los puntos oscuros y confusos para el gran público.

Sólo a modo de ejemplo, quiero rescatar algunos fragmentos de dicha entrevista que sin duda podrán resultar chocantes para los que no sepan nada sobre la controversia, pero que muestran la dureza de la verdad cuando ésta destruye todas nuestras concepciones previas:

“Hablando rigurosamente, no digo que no exista el virus del SIDA –nadie puede demostrar que algo no existe– pero lo que sí afirmo, apoyándome en la investigación del grupo de Perth es que no hay prueba científica alguna de que nadie haya aislado el VIH ni una sola vez. Por tanto, nadie tendría que afirmar que existe y menos aún que es causa de problemas de salud.”

“Lo que realmente crea gente supuestamente infectada del supuesto VIH son los tests. La interpretación oficial de estas pruebas, que son una completa chapuza, hace creer a las personas que tienen la desgracia de dar positivo que están infectadas por el supuesto VIH. Desde mi punto de vista, la primera verdadera práctica de riesgo es someterse a un test de SIDA.”

“Dar positivo al test nunca puede indicar inmunodeficiencia, porque las reglas del juego que se han ido construyendo son tales que las únicas personas que nunca pueden dar positivo al test son los auténticos inmunodeficientes, dado que ellos no tienen capacidad de generar anticuerpos y menos aún en la gran cantidad que se precisa para dar positivo en los tests. Así, tal como suena, una persona inmunodeficiente jamás podrá ser víctima del SIDA porque nunca dará positivo en un test de SIDA.”

El prestigioso y afamado doctor Robert Gallo, supuesto co-descubridor del VIH, podría ser en realidad un criminal responsable de un atentado contra la salud mundial.
El prestigioso y afamado doctor Robert Gallo, supuesto co-descubridor del VIH, podría ser en realidad un criminal responsable de un atentado contra la salud mundial.

“En junio de 2008 apareció un libro escrito por la veterana periodista Janine Roberts titulado Fear of the invisible (“Miedo a lo invisible”) que prueba que Gallo cometió fraude con estos artículos, manipulando su contenido. Lo más revelador es que el jefe de laboratorio del Dr. Gallo, el Dr. Popovic, escribía en el borrador del artículo que «pese a todos los esfuerzos de investigación realizados, el agente causal del SIDA aún no ha podido ser determinado». Gallo tachó esta frase, y muchas otras, y envió su versión a Science, que fue publicada como prueba científica de que se había aislado el virus causante del SIDA.”

“Las mismas compañías que fabrican los tests aseguran en los prospectos que sus kits no están concebidos para diagnosticar infección por VIH. Incluso se afirma que los casos de positivo de WB [Western Blot] «deberían ser seguidos por tests adicionales» (¡y se supone que el WB es test de confirmación!)”

“Hay que señalar que sólo en EE UU hay centenares de personas en prisión por haber transmitido (supuestamente) el VIH. Lo que ha ocurrido es que las defensas, bien preparadas, han rebatido los argumentos de la acusación, en especial en el tema de los tests, y los jueces han valorado que existe una duda razonable de que la persona esté realmente infectada del virus y que por tanto pueda transmitirlo. Hasta la fecha, ya hay 51 casos en que el juez deja en libertad al acusado, e incluso en dos casos el juez ha tenido que anular el juicio porque la acusación no ha encontrado ningún científico (entre las decenas de miles de especialistas de SIDA) que se atreva a ir a juicio para apoyar a la acusación.”

Y finalmente me quedo con estas palabras, que constituyen un sabio consejo acerca de cómo debemos afrontar las verdades y las mentiras que se mezclan confusamente en un nuestro mundo:

“Invito a todo el mundo a estudiar el tema, a no creerse nada. En mis cursos sobre SIDA empiezo diciendo que nadie crea nada de lo que voy a explicar, pero que investiguen y contrasten, que pregunten a unos y a otros, y que saquen sus conclusiones.”

Botinas, en resumen, afirma que los millones de muertos de SIDA fallecieron, no de un virus inexistente, sino de otras enfermedades bien conocidas, de los agresivos tratamientos aplicados (el famoso AZT es un veneno que incluso se aplica a embarazadas y bebés) y, en última instancia, del miedo. Y añade que, según su hipótesis dura, detrás de una enfermedad prefabricada habría un experimento farmacológico que se le fue de las manos al CDC (organismo de los EE UU que tiene como objeto velar por la salud pública).

El fármaco AZT, que forma parte de los cócteles contra el SIDA, es en realidad un poderoso veneno que daña seriamente el organismo y puede llevar a la muerte.
El fármaco AZT, que forma parte de los cócteles contra el SIDA, es en realidad un poderoso veneno que daña seriamente el organismo y puede llevar a la muerte.

Visto todo esto, confieso que en otro tiempo no hubiera creído ni por asomo que los gobiernos de las naciones, la ONU, la OMS, las instituciones médicas y científicas, las empresas farmacéuticas, etc. nos pudieran mentir y manipular, pero ya no sólo es el tema del SIDA. Han ido apareciendo investigadores y profesionales de la medicina disidentes que han denunciado un estado de cosas realmente aberrante en muchos campos de la salud.

No obstante, es oportuno insistir en que cuando aparece un contradogma que se enfrenta al dogma y que rompe nuestros esquemas, no tenemos que abrazarlo acríticamente porque sí. Lo que procede es buscar información y respuestas, y después elaborar nuestro propio juicio. Pero no importa cuántos puedan defender una u otra versión, o que todos los estamentos oficiales se escuden en verdades científicas indiscutibles. Recordemos la frase de Gandhi: “La verdad sigue siendo la verdad aunque la defienda una sola persona”. Y una vez hallada esta verdad hay que tener el valor de aceptarla y vivir con ella, y sobre todo liberarnos a partir de ella.

Para finalizar esta reflexión, quisiera volver al mundo del cine, pues este arte nos insinúa claramente que la ficción es realidad y la realidad es ficción. En la película “La caja de música”, la protagonista, una abogada encarnada por Jessica Lange, afronta la defensa de su padre, que ha sido acusado de ser un antiguo policía represor nazi, responsable de violaciones y asesinatos. Lógicamente la hija no cree en tales acusaciones hacia su amado padre. Ella no puede concebir que le esté mintiendo sobre hechos tan extremadamente graves, y por tanto se dispone a rechazar los argumentos contrarios, pues está convencida que se trata de puras manipulaciones políticas. Pero según va avanzando el juicio y la investigación, la abogada va descubriendo varios elementos desconcertantes sobre el pasado de su padre, cosas que hacen tambalear su visión de un padre honesto y amoroso. Finalmente, el hallazgo de una caja de música con unas fotos reveladoras, hacen que el velo caiga definitivamente y que la terrible verdad sobre su padre quede al descubierto.

En definitiva, descubrir una verdad que no creíamos posible puede ser algo extremadamente duro y confuso, porque confiábamos en algo o alguien como un ser divino y benevolente y resulta ser todo lo contrario. Es algo que nos afecta íntimamente y que en cierto modo destruye nuestra inocencia. Pero para seguir adelante hay que enfrentarse a la verdad por dura que sea. Lo realmente complicado, como lo era para el personaje de Jessica Lange en la película, es preguntarse qué vamos a hacer ahora. Haremos como si nada o haremos lo correcto. Esta decisión está sólo en nuestras manos, si somos capaces de superar el miedo y la desconfianza.

© Xavier Bartlett 2015
Licenciado en Prehistoria e Hª Antigua por la Universidad de Barcelona

Imagen de la película The Matrix donde el protagonista debe elegir si conocer la verdad por dura que sea o seguir ignorante de ella.
Imagen de la película The Matrix donde el protagonista debe elegir si conocer la verdad por dura que sea o seguir ignorante de ella.

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About Xavier Bartlett

Licenciado en Historia, aunque su carrera profesional se ha centrado en el campo de la educación y formación. Actualmente forma parte del equipo Dogmacero, cuya finalidad es difundir una visión alternativa de la sociedad, la ciencia y la historia.

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